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domingo, 18 de abril de 2010

Era yo.


—¡Oye, oye! espera, quiero hablar contigo. Oye, espera un momento.
—¡Déjame en paz!
—Pero déjame decirte algo.
—¡No quiero hablar contigo!
—¿Por qué no?
—Porque eres idiota, ¿y sabes qué? Por el mismo motivo yo también lo soy, en eso la verdad es que sí, estamos hechos el uno para el otro.
—Oye, esta es una situación muy complicada.
—Vale, ¡pues permite que te la descomplique! ¿Eh? Olvida lo que ha pasado entre nosotros, Eddie, es que no funcionaría, ¿entiendes? Mira, lo de anoche... lo de anoche estuvo genial, pero en cuanto te ha llamado esta mañana te ha faltado tiempo para salir corriendo a verla. ¿Qué significa eso? Pues que no funcionaría porque probablemente tú siempre estarías pensando en ella y yo probablemente siempre me preguntaría si estarías pensando en ella. Sólo... sólo quiero que sepas una cosa.
—¿Qué?
—La mujer que viste junto a la piscina la otra noche...
—Olvídate de la...
—No, esa mujer con la que tenías que pasar el resto de tu vida... era yo.

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